Mike Flanagan, director de The Haunting of Hill House lo vuelve a hacer. Trae ahora a nuestras pantallas: The Haunting of Bly Manor.
Por: D.M. Reyes.
En el 2018 Netflix, de la mano de Mike Flanagan, nos trajeron una serie de terror que nos maravilló a muchos (si no la has visto, revisa nuestro análisis anterior), así que la noticia de que este 2020 la saga de The Haunting continuaría nos emocionó.
Esta vez, Flanagan nos relata una serie de 9 episodios basada en la novela gótica de Henry James “The Turn of the Screw”; una serie diferente a su antecesora, y por supuesto, diferente a lo que Mike Flanagan nos había mostrado: quizás la obra más emotiva que haya creado.
Danielle es una joven estadounidense que decide cruzar el charco para embarcarse en una aventura inglesa que, básicamente, consistirá en cuidar a dos niños huérfanos: Flora y Miles, que están bajo la tutela de su tío paterno. Dani Clayton huyendo de su pasado, llega a la mansión, en donde conocerá a una ama de llaves, Hanna; a un cocinero, Owen; y a una jardinera, Jamie. Los cuatro tendrán una fantástica relación, pero poco a poco ocurrirán cosas extrañas.
En comparación con The Haunting of Hill House, Bly Manor no es una serie de terror, como lo dice el propio director, es una serie de amor gótico. Romanticismo en todo su esplendor. Y no romanticismo del que conocemos en la actualidad, sino del puro, el de su época, el cruel, emotivo, duro. Eso no significa que la serie sea mala, simplemente es diferente.
Una de las notables diferencias entre su antecesora y esta temporada es que el director buscó no solo hacer una descripción de los personajes, sino también poder hacer esféricos a los fantasmas que habitan en la mansión. Esta vez conocemos la historia de cada uno de los espectros, su razón de estar ahí, y aunque en algún punto puede parecer demasiado explicativo, funciona para poder conectar con ellos.
Los sucesos extraños en la casa desafían la lógica de Dani, quien atormentada por su pasado (y por la muerte de su ex prometido), cree que lo que ve no son más que alucinaciones. Esta vez se expresan plenamente las dificultades humanas, y cómo el pasado, nuestros arrepentimientos, y nuestros miedos son nuestro propio fantasma, nuestra propia perdición.
El trabajo en equipo que caracteriza a las producciones de Mike Flanagan es notorio también en esta temporada. Las actuaciones del elenco, de nuevo mueven a nuestros corazones, que hacen que podamos empatizar con ellos posiblemente de una manera más profunda que en la primera temporada; también en conjunto con el arduo trabajo del guion, las atmosferas que manejan, el trabajo de cámaras que nos hacen dudar de lo que vemos, la fotografía, el vestuario, las temporalidades, y las historias que describen a cada uno de los personajes, convergen en un solo punto: el éxito de la serie.
Puede que para algunos no cumpla con las expectativas esperadas, especialmente si lo que esperan es el mismo nivel de susto que su predecesora, pero no le pide nada. Es manejada como la secuela de The Haunting of Hill House; sin embargo, aunque cuente con parte del elenco de la primera temporada, no podemos juzgarla como hija de la serie, sino como hermana, con su propia historia, y con su propia premisa. Estamos emocionados por ver lo que este genio del terror nos trae la próxima vez.
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